Asesino de relaciones (Parte 2)


Creo que en nuestra vida más de una vez hemos presenciado escenas de reclamos entre una pareja, entre amigos, entre padres e hijos, etc. Ya sea en la parada de buses, en el estacionamiento, en el supermercado, en la escuela y/o en la oficina. Y casi siempre la causa es la misma, los celos. Es por eso que esta segunda parte de la serie se la dedicamos a ellos.

Este asesino de relaciones opera en el día a día, sin importar el momento ni el lugar. Osos, papelones o focas están a la orden del día. Las peleas casi siempre inician con las mismas frases; entre parejas: ¿Por qué l@ estás mirando?, ¿por qué es@ compañer@ de trabajo te escribe en horas no laborables?, ¿Por qué sonríes mientras lees los mesajes?; entre amigos: ¿por qué no me pediste ayuda a mí?, ¿Por qué le contaste primero a él/ella? ¿por qué salieron sin mí?, ¿por qué te sigues llevando con ella/él si sabes que no me agrada? y con relación a los hermanos, los padres reciben comentarios como: ¡en esta casa cuando se trata de mí, a nadie le importa!, ¿por qué no me guardaron comida? ¡claro como no soy tu hijit@ querid@!, ¡por qué me ordena a mí que lo haga, dígale a su hijit@!. Esta fue una pequeña muestra de los detonantes que llevan a iniciar discusiones y peleas que con facilidad se nos pueden ir de las manos.

Los celos son bastante comunes y a decir verdad todos los hemos experimientado, de hecho algunas veces podrían alagar o resultar graciosos. Pero existen también los desproporcionados o enfermizos, los cuales nadie en su sano juicio puede tolerar por todas las situaciones incómodas que estos acarrean.

A contuación una serie de preguntas que nos podemos formular y así descubrir si estamos dentro de lo aceptable o no:

1) ¿Mis celos son fundamentados o estoy creando situaciones irreales?

2) ¿Los celos me permiten pensar antes de actuar o simplemente soy arrastrad@ por mis emociones sin medir las consecuencias?

3) ¿Cuando siento celos hablo de la situación con el afán de despejar dudas y arreglar la situación o me quedo calla@ aún sabiendo que puedo estallar en cualquier momento?

4) ¿Mis celos me han llevado a faltarme el respeto o a faltarle el respeto a alguien más?

Estas cuatro preguntas sencillas, respondidas con absoluta sinceridad, nos pueden dar luces sobre nuestro comportamiento, si está dentro de lo normal o si estamos militando en las filas del lado oscuro de los celos (los enfermisos). En el caso de haber notado que existe un problema, la mitad del camino está recorrido, el siguiente paso es tomar medidas como trabajar en las inseguridades e incluso buscar ayuda. Si por el contrario somos de las personas que casi nunca sienten celos, y cuando los han sentido tomaron la decisión de conversar al respecto ¡Felicidades!. El diálogo es la mejor herramienta para despejar dudas y solucionar malos entendidos.

No olvidemos evaluar nuestro comportamiento y permanezcamos atentos ante cualquier señal. No nos dejemos dominar por los celos, ni permitamos que destruyan nuestras relaciones.

 

Commentarios

Share this post

Fernanda Quezada

Disfruto mucho de las caminatas, me encanta comer de todo, especialmente pizza, me gusta ver películas, andar en bici, caminar, leer y dormir, creo que tanto el cine como la literatura desarrollan tu creatividad.