¿De dónde viene la expresión meter la mano en el fuego?


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Seguro hemos escuchado alguna vez en nuestras vidas la expresión, meter la mano en el

fuego, por ejemplo cuando hay una discusion y sale a tela de juicio alguien, y tu en su

defensa dices yo meto las manos en el fuego por él o ella, dependiendo el caso.

Esto significa ser capaz de empañar la palabra y hasta la integridad física por esa persona a

quien estamos garantizando. Es un gesto de confianza.

 

Esta expresión data más o menos del año 510 a.C, cuando los romanos expulsaron al último

de sus reyes, Tarquinio el soberbio, por ser un tirano, fué entonces que eliminaron la

monarquía y se hicieron republicanos. Tarquinio buscó ayuda del pueblo para recuperar su

trono y logró el apoyo de larte Porsenna. Porsenna plantó su campamento en al colina del

Janículo y sitió a Roma.

 

La gente se moría de hambre, al ver esta situación un jóven llamado Mucio, e ofreció como

voluntario para infiltrarse en el campamento enemigo y matar Porsenna jefe de su ejército,

porque muerto él, los demás soldados huirían. Mucio pidió permiso al consejo, para ejecutar

su plan, el consejo lo tomó como descabellado en su totalidad pero al no tener nada que perder

y sin haber otra mejor opción lo dejaron ir, diciendo que no lo volverían a ver.

 

El joven Mucio hizo como lo planeo, se infiltró en la filas enemigas, disfrazandose como uno de

ellos, logró en entrar en la carpa de un hombre ricamente ataviado, a quien apuñaló. El jóven fué

apresado pero no fué a Porsenna a quien había matado sino a un dignatario de él. Los soldaros lo

llevaron ante Porsenna para que fuera condenado a torturas de hierro y fuego. Entonces Mucio

Tomó la palabra y dijo: “Yo soy ciudaddano romano y me llamo gayo Mucio. soy tu enemigo y solo

quise matar a mi enemigo que nos daña sin ventaja propia. Puedes torturarme, abrasarme y matarme,

no temo ni al fuego, ni a la muerte, pues tú vas a morir. Pues en Roma somos treiscientos los jóvenes

conjurados, adiestrados para afrontar el fuego y la muerte, y para nosotros el más alto honor es

matarte. Después de mí, vendrán trescientos, unos tras otro, y siempre habrá un puñal oculto para ti,

que al final te matará. Igual que yo, ni temeran ni al fuego ni a la muerte. Mira”. Y acercandose a un ara

con fuego encendido, Mucio puso su manos derecha sobre las ascuas y las llamas, y la dejó consumirse

sin un solo gemido.

 

Los romanos llamaron a aquel joven “Mucio Escévola” (que quiere decir Mucio el manco). Su historia fué

tan popular que hasta su memoria está presente en algún romance medieval. Esta historia es la que dio

pie a la frase, pues due Mucio quien pudo su mano, voluntariamente en el fuego por todos los jóvenes

romanos conjurados.

 

FUENTE: dechile

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Fernanda Quezada

Disfruto mucho de las caminatas, me encanta comer de todo, especialmente pizza, me gusta ver películas, andar en bici, caminar, leer y dormir, creo que tanto el cine como la literatura desarrollan tu creatividad.

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