¡Esa rosa depende más de Dios que tú!


“Esa rosa que está ahí, depende más de Dios que tú”

Esta frase es lapidaria, pues una vez que la escuché sentí escalofríos por todo el cuerpo, aunque no me la dijeron a mí, la sentí con dedicatoria.

Y es que depender de Dios se ha vuelto tan difícil para esta generación, ahora presiento que los niños, jóvenes y adultos nos hemos sumergido en un mundo del cual es muy difícil salir, donde la felicidad depende de las redes sociales, de la música y los amigos.

Es que nuestra plenitud depende de cuantos likes tenga en la foto de perfil. A penas estoy triste, escucho música  para el consuelo y sin mis amigos se me acaba el mundo.

Son solo algunos ejemplos de dependencia a las diferentes áreas de esta vida y a pesar de que no son negativas, créeme que si nuestro bienestar depende de aquello terminaremos más vacíos que al principio.

“Cualquiera que bebe del agua de este pozo vuelve a tener sed, pero el que beba del agua que yo doy nunca más tendrá sed. Porque esa agua es como un manantial del que brota vida eterna.” (Jn 4:13-14)

Cuando el inspirador de naciones exclamó esta frase se estaba dirigiendo directo a una mujer incompleta, quien había puesto su esperanza en los afanes de este mundo y que como resultado se encontraba en una vida monótona y sin sentido. Pero Jesús le ofrece agua, pero no precisamente de la que se saca de un pozo ordinario y la tomas para saciarte, si no que le ofrece del agua que brota desde la fuente misma del amor y que con solo un bocado experimentará la mejor sensación en su interior de la cual tendrá como resultado: vida eterna.

Depender del creador es una cualidad que tiene la rosa, pues ella está ahí en manos del mismísimo rector del universo, plantada y dispuesta a consumir los minerales que se desprendan de la tierra ¡aaah! Y claro ella no se queja. Si bien es cierto que la naturaleza no tiene libre albedrío, tienen esta cualidad insólita: confiar y aferrarse a la vida que le ofrece el inventor de sus propios colores.

Tal vez por esto Jesús se refería a ser como un niño, pues la cualidad de un niño es confiar ciegamente y no precisamente en la felicidad que te ofrece el mundo, si no en la vida que nos promete nuestro Creador, el mismo que retrató el modelo de tus ojos antes que nacieras, cinceló tus labios debajo de tu nariz, ¡Sí! El que conoce el número de tus cabellos es el que te dice: confía en mí.

A pesar de lo difícil que sea en estos tiempos, créeme que depender de Él no solo te traerá paz, si no que comprenderás que los problemas y afanes de esta tierra son solo pasajeros y que lo que realmente importa es la hermosa y majestuosa: vida eterna.

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Cristopher Castellanos

La locura es su emblema, la poesía su descanso, el Creador su inspiración. A veces Comunicador a veces un niño siempre buscándole un lado distinto a sus mensajes.