La lista clavada


¿Eres de esas personas que hacen una lista de todas las cosas que pudieran mejorar dentro de su propia casa? Seguramente si no lo eres, tú mamá si lo es. Es inevitable que siempre quieran hacerle modificaciones a nuestras casas, hace unos meses mi mamá conversó con mi papá sobre unos arreglos que quería hacer en nuestra casa. Recuerdo que cuando recién nos la entregaron, todo estaba perfecto. Cuando ya nos mudamos, empezamos a notar las fallas; pequeños desniveles en el piso, problemas con las puertas, falta de espacio y la lista puede seguir si se lo preguntas a mi mamá.

¿Quieres saber algo impactante? Lo mismo sucede con nuestras vidas. Una vez que le entregamos nuestros corazones a Dios para que el habite en él, es inevitable que Dios no tenga una lista LARGA de cosas que necesitan ser cambiadas en nuestras vidas. ¿Puedes imaginarlo? Somos como esa casa nueva recién entregada que requiere de un poco más de atención y de la mano del dueño para que pueda arreglar sus imperfecciones.

“Ustedes estaban muertos a causa de sus pecados y porque aún no les habían quitado la naturaleza pecaminosa. Entonces Dios les dio vida con Cristo al perdonar todos nuestros pecados. Él anuló el acta con los cargos que había contra nosotros y la eliminó clavándola en la cruz” (Colosenses 2:13 – 14 NTV).

Dios tiene una lista de nuestros pecados e imperfecciones, pero por medio de Cristo ellos fueron redimidos, es decir, perdonados. Si leemos despacio y meditamos en el versículo 14, podemos ver lo que Dios hizo con esa lista en la cruz. ¿Maravilloso, no? Nuestros pecados fueron clavados y perdonados en la cruz junto con Cristo. Cada vez que recuerdo lo que Dios hizo al momento de entrar en mi corazón, mi lógica humana no puede entender el amor de Dios hacia mí. Es como volver a vivir el momento y disfruto del perdón de mi Padre.

Recuerdo que leí sobre los significados de la cruz y en una parte el autor escribió que cuando la primera mano de Cristo estaba siendo clavada, El miro hacia el otro lado y recordó tu nombre y el mío. Mientras él estaba siendo clavado, nuestros pecados también lo estaban siendo. Si te pones a meditar en la Palabra, nunca encontraras que Jesús se resistió. Él tenía el poder para anular lo que se le estaba haciendo, pero él una vez más, miró nuestras listas y no pudo dejar la obra incompleta.

Dios nos permite volver a la cruz para recordar que fuimos perdonados, justificados y redimidos; el problema es que muchas veces tú y yo regresamos a la cruz para desclavar nuestros pecados. Hoy te invito a no tocar tus pecados crucificados, míralos y dale las gracias a Dios por lo que hizo por ti.  Déjalos clavados y disfruta del perdón del Padre.

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Astrid Antepara

Me encanta la música, soy amante de la danza y de las largas caminatas en la playa. Crecí junto al sonido de las olas. Disfruto de ir al cine y colecciono momentos con mi familia y amigos.

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