Un pozo oscuro, vacío y sin fin


¿Alguna vez has sentido que estas dentro de un pozo oscuro, vacío y sin fin?

Supongo que tu respuesta fue afirmativa; y sabes algo a mí también me pasó.

Transcurría el mes de Mayo de algún año pasado, mi vida se encontraba envuelta en un constante conflicto de emociones y rodeado de circunstancias que me mantenían en un grave conflicto de fe.

Pero antes de dar detalles de lo sucedido aquel año, me gustaría mencionar que nací dentro de un hogar cristiano, con una madre devota a Dios y un padre muy servicial, crecí dentro de aquella ideología y aquel estilo de vida que se me fue impuesto; acudía a la iglesia constantemente, pasaba todo el día escuchando música cristiana, leía la biblia a diario y en el colegio hasta me decían “el hermanito”.

Pero saben ¿qué?, me aleje de Dios, empecé a adaptarme a las actividades rutinarias de la sociedad, e incluso llegué a compartirlas, con el objetivo de ser aceptado; en realidad no había tenido consecuencias “terribles”, como las que alguna vez escuché en un culto dominical, hasta llegué a pensar que la vida rodeada de excesos y malas noches era lo que en realidad siempre había deseado.

Pasaron exactamente 10 años, hasta que las consecuencias llegaron, pero para serles sincero, no fueron como yo pensaba o como las imaginaba; no afectaron mi salud, tampoco mis finanzas, ni mis relaciones familiares; afectaron algo aún más importante, mi alma.

Llegué a vivir una vida sin vivirla, sin objetivo, sin sentido, hasta el punto de dedicarme a sobrevivir día a día, tenía todo y nada a la vez, los días trascurrían dentro de una monotonía casi enfermiza, a diario ponía una máscara sobre mi rostro, aparentaba ser feliz y que no me faltaba nada; hasta que entendí que era SU AMOR lo que yo necesitaba para completar ese vacío que había en mi corazón, ese mismo vacío que había nacido 10 años atrás, pero que ya resultaba insoportable.

Recuerdo claramente cuando volví a entregarle mi vida a Dios, un viernes del mes de Mayo, aquella noche no podía dormir, y mi corazón no tenía paz, deambulaba dentro de mi cuarto tratando de buscar una solución para el vacío que sentía, hasta que finalmente doble mis rodillas y le dije “heme aquí Señor”, fue increíble sentir como su amor descendió sobre mí de inmediato, y como esa sensación de vacío se redujo enormemente.

Ya sea que te desvíes a la derecha o a la izquierda, tus oídos percibirán a tus espaldas una voz que te dirá: «Este es el camino; síguelo»

(Isaías 30:21 ) (NVI)

Dios a través de su palabra nos habla, nos da pautas del camino que debemos seguir para tener gracia ante sus ojos, y no importa si estas sumergido en un mundo lleno de tinieblas y oscuridad, su voz siempre te guiará hacia la luz; no desesperes, confía en Dios y descansa en Él.

 

ESCRITO POR: César Eduardo Chamorro

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