Una esperanza errónea


“Deja que la perseverancia sea tu motor y la esperanza tu gasolina.” Jackson Brown Jr.

La esperanza es el estado de ánimo en el cual se cree que aquello que uno desea o pretende es posible. Los seres humanos cumplimos nuestros sueños y objetivos al momento de activar la esperanza.

¿Pero qué sucede cuando alguien se aprovecha de aquella condición humana para ofrecernos el oro y el moro? Sencillo, es entonces cuando surgen los malos políticos. Ellos ofrecen cumplir nuestros anhelos más profundos que tenemos como sociedad a cambio de votos.

Trabajo, educación, transporte, carreteras de primer orden, salud, son solo algunas de las promesas que llenan de esperanza nuestros corazones.

Campañas comunicacionales creadas por un grupo sólido de marketing y publicidad que buscan mover nuestras emociones. Cómo olvidar la reciente Caravana de la Esperanza de Lula Da Silva, en Brasil. Ni se nos ocurra borrar de nuestra memoria el cartel de Barack Obama con la palabra Hope en el 2008.

O el discurso “Con fe y esperanza” del ex candidato a Presidente de la Argentina, Daniel Scioli, Ecuador tiene a su mejor representante de la esperanza, Alvaro Novoa con su canción inédita: llegó la esperanza que todos queremos.

Toda campaña implica la formulación de promesas y la explicitación de sueños y anhelos, que delineen el futuro al que se aspira llegar. Es por eso que es común ver a candidatos: regalar comida, abrazar pobres, cargar niños, últimamente hasta perros y gatos.

“La esperanza es, en verdad, el peor de los males, porque prolonga las torturas de los hombres.” Friedrich Nietzsche

Nietzche es claro al momento de expresar su crítica en una esperanza ciega y sin criterio propio. Una esperanza que lejos de llevarnos a nuestros sueños, puede arrastrarnos a nuestra perdición.

Mi afán no es criticar a ningún político, pues a la final es parte de su oficio conseguir el voto popular. Lo que quiero poner en la mesa es la esperanza ciega que le otorgamos a cualquier persona. Parte de ser hijos de Dios es entender dónde está nuestra esperanza y ser sabios al momento de elegir una autoridad política, sin dejarnos llevar por nuestras emociones.

Tener esperanza está bien, lo incorrecto es otorgarla a las personas.
“Así dice el Señor: «¡Maldito el hombre que confía en el hombre! ¡Maldito el que se apoya en su propia fuerza y aparta su corazón del Señor!” (Jeremías 17:5)(NVI)

Pongamos nuestra esperanza en las cosas eternas, pero tampoco descuidemos nuestro criterio, raciocinio, sabiduría e inteligencia al momento de tomar cualquier decisión. Recordemos que parte de ser hijos de Dios es tener en claro la fe y las convicciones sin dejarse mover por las emociones.

En conclusión, una esperanza desviada es a los seres humanos, pero una esperanza correcta es para aquel que nunca cambia que fue el mismo ayer hoy y siempre.

Poner tu esperanza en el blanco es confiar en tu Creador.

Dios no es hombre, para que mienta,
Ni hijo de hombre para que se arrepienta.
El dijo, ¿y no hará?
Habló, ¿y no lo ejecutará?

(Números 23:19) (NVI)

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Cristopher Castellanos

La locura es su emblema, la poesía su descanso, el Creador su inspiración. A veces comunicador, a veces un niño, siempre buscándole un lado distinto a sus mensajes.