UNA MANO QUE AYUDA, NO UN PIE QUE HUNDA


Haz escuchado alguna vez algo como “el director de alabanza cayó en pecado”, “la chica de los jóvenes está embarazada” o “el pastor pecó de tal manera”. Esto es algo muy común dentro de nuestras iglesias, y lamentablemente siempre va a pasar. El problema es que cuando esto ocurre, nuestra actitud no siempre es la indicada, cometemos muchos errores y tendemos a, en vez de ayudar, empeorar las cosas.

Hoy queremos compartirte algunos principios que podemos aplicar cuando una situación así ocurra.

  • No juzgues

Lo primero que tendemos a hacer es a calificar su comportamiento, a tomar partidos y a calificarlos como si por alguna razón tenemos el derecho, pero no. Recuerda que quien acusa es el diablo no Dios. Pídele a Dios que te enseñe cuál es la manera de conversar y cuáles son las palabras adecuadas para redargüir.

  • Evita crear confusión o chisme

Si tienes dudas o comentarios que aclarar, es mejor que puedas acercarte a la persona implicada. No permitas que tu necesidad de información te haga hablar de más y crees un chisme. Esto puede lastimar mucho más de lo que ya está.

  • Ponte en sus zapatos

La Biblia nos dice claramente en 1 Corintios 10:12 “el que cree estar firme, mire que no caiga”. Por un momento pensemos que pasaría si somos nosotros lo que fuimos descubiertos, cómo quisiéramos que se nos trate.

  • No definas a la persona por sus errores

Esto suele ser una de las primeras cosas que hacemos; cambiamos a la persona que conocimos, que nos ayudó, que estuvo a nuestro lado por la ahora “pecadora” y lamentablemente le damos esa nueva identidad.

  • Permanece a su lado.

No pienses que porque se equivocó ahora es una mancha en la iglesia pura y blanca. Dios nos ama aunque estemos sucios, quiénes somos nosotros para tacharlo y excluirlo. Que cuando la persona esté en el suelo pueda recibir una mano que le ayude a levantarse, no un pie que le hunda en el lodo.

Dentro de todo esto, debemos recordar que una de las características de Dios es la gracia. Con esto no digo que podemos pecar cada vez que queramos, sino que Dios está dispuesto a convertir nuestros errores en un testimonio de restauración y que su poder es más grande que nuestros errores. Si él nos mira así, por qué pretendemos ser jueces de las personas.

Busquemos sabiduría para evitar y manejar esto. Fomentemos el amor por convicción, no por temor, cuando tú amas a alguien buscas siempre su bien, que nuestra relación con Dios sea así, siempre.

 

ESCRITO POR: Jaela Espinel

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